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Resolución heroica de los indígenas prisioneros; abandono de la costa de Veraguas

Mientras que tales sucesos se cumplían en tierra, un acontecimiento digno del relato ocurría a bordo de los buques, en cuyas bodegas se mantenían cautivos varios amigos y miembros de la familia del Quibián, los cuales una noche resolvieron lanzarse al mar para recobrar su libertad.

Detenidos algunos en sus intentos fueron recluidos de nuevo a las bodegas, donde a la mañana siguiente se les encontró ahorcados, pues habían preferido la muerte al cautiverio.

Los vientos contrarios que impidieron la marcha de la escuadra salvaron a los colonos de Belén de una muerte segura, porque teniéndose que aumentar la provisión de agua para el viaje, se mandó al río un bote tripulado por varios hombres, los que a poco perecían en una emboscada preparada por los indios.

Un castellano que logró salvarse llevó a Don Bartolomé la noticia del desastre; pero de la escuadra, donde crecía la impaciencia por la demora del bote, salió a nada un valiente marinero que llegó a la orilla y regresó dando cuenta de los sucesos de Belén y del fin desagraciado de los tripulantes del bote.

La Escuadra entonces se aproximó a la orilla, recogió los colonos, y levantando anclas en los últimos días de abril de 1493, abandonó las costas de Veraguas, sobre las cuales se fincaban las mayores esperanzas de Colón.

Antes de la llegada de CRISTOBAL COLÓN a lo que hoy es Panamá, le correspondió a un notario sevillano, el honor de recorrer por primera vez, tierras istmeñas.

RODRIGO GALVÁN DE LAS BASTIDAS, natural de Triana en Sevilla, llegó a las costas de Panamá en 1501.

En 1493, había acompañó a COLÓN en su segundo viaje.

El 5 de junio de 1500, celebró un contrato con la Corona, mediante le cual, se le concedió licencia para descubrir islas o tierras no visitadas por el Almirante de la Mar Océano ni otros navegantes o que pertenecieran a la corona lusitana, a partir de las costas del Cabo de la Vela en Coquibacoa.