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En la costa de los Contrastes

Vientos adversos y un mar agitadísimo entorpecieron la marcha de la escuadra en su rumbo hacia Veraguas.

A cada instante la furia de los elementos pretendía hundir en lo proceloso del piélago las frágiles y maltratadas naves de la expedición.

El desaliento había cundido en las tripulaciones por los trabajos pasados en esa costa que Colón denominó tristemente Costa de los Contrastes.

Combatida siempre por las tormentas, la flota encontró abrigo en un paraje de la costa digno de mención por la costumbre de los habitantes de fabricar sus viviendas en la copa de los árboles, para ponerse a cubierto del ataque de las fieras y de las inundaciones frecuentes en la región.

Al cabo de una lucha constante para salvar una distancia de treinta leguas desde Portobelo, las naves fondearon al fin en las bocas de un río nombrado por los naturales Yebra o Quiebra y llamaron los españoles Belén, por haber llegado allí el 6 de enero, día de la adoración de los Reyes.

Fundación de Santa María de Belén

Colón confió a su hermano Bartolomé la exploración del país circunvecino, lo que dio por resultado, a más del conocimiento de éste, la alianza con los indígenas que lo poblaban debido a la amistad que se logró establecer con el Quibián, poderoso jefe de la comarca, quien la selló en visita que hizo a Colón a bordo de las naves.

Bajo tan favorables auspicios resolvió el Almirante fundar un establecimiento para asegurar la posesión de la comarca, a cuyo efecto hizo construir en una pequeña altura, cerca de la desembocadura del río, varias casas de palma para depósitos de las provisiones y para alojamiento de la gente.

Al establecimiento así fundado se le dio el nombre de Santa María de Belén, al frente del cual debía quedar con 80 hombres Don Bartolomé, mientras que Colón marcaba a España en busca de auxilios para proseguir la formal colonización del país y el laboreo de sus minas.